elperroviejo

El increíble hombre convertido en fascículos (inconcluso)

Mi cabeza rodó por la alfombra al ritmo de PJ Harvey. Para mi desgracia, según caía no fui capaz de agarrarla con las manos y acabé dándome una hostia espectacular contra el suelo, rodando como una bola de billar, aplastándome la nariz al girar y, literalmente, mordiendo el polvo. La caída fue tan vertiginosa que casi no pude ni cerrar los ojos.

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Otro duro día en la oficina

Nº 19

- ¡Es usted un imbécil y un chulo! Fíjese lo que le digo. ¡Un chulo!

El nº 19 del día se marchó, según parece, mosqueado por algo que debí de decirle sin darme cuenta. Quién sabe, esta gentuza son todos iguales. Lo único que dejó tras de sí fue un portazo que a él le debió de parecer muy dramático, pero que la verdad, a mí me sonó más a un golpe de esos que dan en los supermercados los niños malcriados a los que sus padres llevan con ellos porque no les queda otro remedio, porque la canguro ese día tenía la regla o un examen en la autoescuela.

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Nuestro apacible bulevar

La calle presentaba la misma estampa que una canción de Lou Reed. Las putas estaban en su sitio, el sol en lo alto y el asfalto quemando nuestros pies.  Nadie movería un dedo por ti llegado el caso, y sabiéndolo, eso te hacía fuerte.

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L.B.

Cuando Little Ben llegó, por tumbos del destino, a Talpa, en el estado de Texas, vomitado por el fogoso y ardiente verano de 1891, iba camino de cumplir los 43 años. Unos años que llevaba tatuados en la mirada, como una res marcada a fuego.

El hambre, el desprecio del hombre blanco a su piel y a su estirpe, y una cicatriz en el alma  era lo poco que Little Ben habría  podido contar de sí mismo, caso de que alguien llegara a interesarse. Sin embargo, nadie solía preguntarle demasiado a L.B.

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Dinero fácil Pt.3/3 (“Un golpe de suerte”)

Un anciano regresa de pescar, la tarde no se ha dado bien del todo y sólo se lleva un par de piezas menores. Carga un rifle del 45 a la espalda. El hombre pasa ya de los sesentaicinco pero se mantiene en forma; aparenta unos cuantos años menos.

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Dinero fácil Pt.2/3 (“Reunión social”)

La pareja  vuelve cansada. El hombre no está seguro del todo de por dónde van, tal vez se hayan perdido, y lo único que quiere es llegar a casa de una vez. El fin de semana estuvo bien, pero lleva muchas horas al volante y aquello se le hace muy molesto.

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Dinero fácil Pt.1/3 (“Un perro en el camino”)

El coche levanta una polvareda de mil demonios, tanto que los retrovisores han dejado de servir para nada, a lo sumo para comprobar que, en el caso de que los estén siguiendo, no van a ver a nadie.

Dentro del coche hay dos hombres. Ambos son rubios y llevan bigote, gafas de sol y un mono azul de albañil. Los dos están manchados de sangre, literal y metafóricamente, y hay casi tres millones de dólares en efectivo que les queman (esta vez sólo metafóricamente), en las manos.

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Entre la trinchera y el obús (I)

Condenado a que no se extendieran más continuaciones ante mí, con el sol a mis pies y la ciudad por techo, mientras aquello duró, tuve miedo.

Aunque pueda parecer rápida, la caída al vacío desde un duodécimo piso puede llegar a resultar eterna, agotadora, trágicamente extenuante. Tuve todo el tiempo del mundo para asustarme, por tanto. Todo el tiempo del mundo condensado en una trayectoria desde A hasta B.

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Esa luz en tu nevera

Después vino la oscuridad.

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Se levantó con frío, un frío que quemaba. Se le pasó en un pestañeo, sustituido por un dolor de cabeza terrible. Un montón de escombros se despeñaban desde su sien izquierda, con parada intermedia en la frente, hasta su sien derecha. Incorporándose en la cama, tuvo la impresión de haber vivido ya esa situación; un vago déjà vu, desapareciendo lentamente como el vaho del moribundo en el cristal.

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El esplendor de las cosas relativas

Se peinó cuidadosamente, la raya en el punto exacto, ni muy arriba ni muy abajo. Se echó el toque justo de colonia. Se puso la chaqueta y se anudó la corbata, un nudo sobrio y elegante. El espejo mostró un rostro satisfecho.  Después recordó las injurias de las que había sido blanco, y el espejo reflejó un rostro sombrío.

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