El increíble hombre convertido en fascículos (inconcluso)
Mi cabeza rodó por la alfombra al ritmo de PJ Harvey. Para mi desgracia, según caía no fui capaz de agarrarla con las manos y acabé dándome una hostia espectacular contra el suelo, rodando como una bola de billar, aplastándome la nariz al girar y, literalmente, mordiendo el polvo. La caída fue tan vertiginosa que casi no pude ni cerrar los ojos.
